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Mompos y el realismo mágico

Mompos y el realismo mágico

Parece ser que Gabriel Garcia Marquez dijo de Mompos en una de sus novelas «…Mompos no existe, a veces soñamos con ella pero no existe...».

Totalmente cierto. Lo que vamos a ir viendo de Mompos en este post seguro que existió en otro tiempo, otra época pero también es seguro que despertaremos y veremos que todo fue un sueño…

COMO LLEGAR

Parte del encanto de Mompos es que se halla tan escondido que de momento ha esquivado a las hordas de turistas que descienden desde Cartagena. Sólo llegar hasta allí anuncia la magia que nos espera.

Desde Cartagena tienes dos opciones: coger el bus de linea que sale a las 7:30 y sufrir 8 horas de curvas hasta Magangué o coger una minivan que por 40.000 COP$ te deja en sus muelles en solo cinco.

Me decidí a coger la segunda ruta ya que era más corta y por pura curiosidad de ver cómo sería el trayecto en ferry…o lo que fuera necesario para atravesar el río. Llego al muelle. Ya con verlo sospechas que se inicia una jornada muy especial….

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Embarcadero en el río Magdalena

Una vez en el muelle si no has podido coger el ferry (transporte público) te toca pillar sitio en una de las chalupas que veis atracadas y que por 8.000 COP$ te llevará por el rio Magdalena hasta el siguiente punto del camino: Bodega; el viaje de 25-30 minutos no tiene desperdicio

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Surcando el río Magdalena

Desde Bodega el último paso es montarte en colectivo (autobús pequeño) y en otros 40 minutos y por 13.000 COP$ ya has llegado.

MOMPOS: LA VISITA

Llegas a Mompos y te encuentras con la Pompeya de Sudamérica.

Un pueblo petrificado en el tiempo. Unos vecinos tan encantadores como peculiares y unos usos y costumbres sacados de otro tiempo. Nuestros bisabuelos pertenecen a este pueblo, no nosotros.

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Las tranquilas calles de Mompos

Supongo que ahora debería describir sus calles, plazas etc…

Pero no. La mejor manera de explorar Mompos es conocer los oficios de sus gentes y hablar con ellos. Vamos a inflitrarnos en sus tiendas, locales y almacenes a ver que encontramos.

Al lado del hotel hay una casa inmensa, señorial con la denominación de «Casa del Reposo». El encargado me sorprende tirando una foto de estrangis y muy amable me deja entrar. Es un asilo y, por lo que parece, les pillamos en la hora de la siesta.

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Es una típica casa colonial con un patio interior enorme. Vayas por donde vayas en Colombia (y en otros sitios de Sudamérica) te vas a topar con este tipo de casas.

Todas ellas tienen un enorme patio interior (muchas con su propio pozo en el) que generaba una ventilación y corriente continúa entre el aire caliente del patio y el más fresco de las habitaciones. Dichas habitaciones generalmente tienen techos altísimos (más de 3 metros) para que el infernal aire caliente del Caribe – al ser menos denso – subiera hasta dicho techo y no afectara tanto al morador de la habitación.

Ya que estoy dentro me doy un buen paseo. Hay mecedoras que chirrían aburridas en la tarde del domingo y viejísimas mesas de madera donde los ancianos parece que juegan o hablan. Incluso tienen una capilla particular con unos muebles y unas tallas que deberían estar en un museo. Muchas de estas casas (originariamente propiedad de gente acaudalada) tenían su propia capilla en su interior.

Salimos de La Casa del Reposo y continuamos con nuestro paseo. Una chica sentada en la esquina de la calle de su tienda me suelta el «a la orden» tan típico aquí en Colombia y es todo cuanto necesitamos para meternos en su tienda…. ¡ una licorería de los viejos tiempos !

Licorería de Mompos

Más adelante hay una tienda con unos extraños lienzos, pero no es una galería de arte…. ¡ es una joyería ! Parece que Mompos es famosa por su orfebrería y su dueño, Javier, nos deja cotillear en su taller.

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Ni un solo aparato del s. XX, solo una especie de vieja maquina que parece un torno o algo así. Solo sus manos y su talento.

Este es el resultado :

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Despues de hablar de la vida y el amor con Javier le dejamos mientras atiende a unos clientes.

Sigamos caminando y llegaremos a una de las numerosas plazas adyacentes al río.

De nuevo, si ya has estado en Sudamérica estas iglesias de color pastel ya te serán familiares. ¿Porqué las pintaban de esta manera?. Las Leyes de Indias de la Corona española establecían que los edificios principales (catedrales, ayuntamientos, casas de gobernadores) debían destacar visualmente sobre el resto del paisaje urbano para consolidar el poder político y religioso de los Conquistadores, haciendo notar quien mandaba allí ahora. A mayores, esto casaba bien con la tradición de los pueblos indígenas de pintar sus propios templos de colores.

Después de sacar unas fotos sigo con el paseo y veo que hay una tienda de la que todo el mundo entra y sale. Es la droguería del pueblo, igualita a las tiendas de ultramarinos que existían antiguamente.

Droguería de Mompos

Le pido al dueño sacar una foto y me dice, azorado, que la tienda está muy desordenada. En realidad está todo colocado con una precisión militar y me pongo a sacar fotos de todo jaja

Otra más: la tienda de fotos.

Tienda de fotos de Mompos

Le pregunto al dueño si las antiguas camaras que expone todavía funcionan y me contesta afirmativamente. Luego con cachondeo le pido que me regale alguna y me dice con sorna que el problema no es darme la cámara, sino que ya no se hacen carretes para ellas…

Y por último el río Magdalena…..el tiempo tampoco superó a las corrientes del río donde no hay el menor asomo de tecnología: todo esta como fue, como debería ser… Los pescadores se sumergen debajo de las barcas en pleno río y los niños pasan de un lado a otro de su cauce en una barca cochambrosa que termina en unas escaleras de madera que vieron mejores días

Embarcadero de Mompos

Y aquí acaba la visita…dejemos a los vecinos en la soledad que tanto parece gustarles 😊

Si te ha gustado el paseo házmelo saber a través de un comentario !!

Y si quieres leer algo más sobre Colombia: https://999millas.net/category/paises/colombia/

Texto y fotos : Mike !

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